Mi pequeña guía paulista…. no tan pequeña.

«¡São Paulo! Conmoción de mi vida.
Mis amores son flores hechas de originalidad.
¡Arlequinal!
Trajes de rombos… gris y oro…
Luz y bruma. Horno e invierno tibio…
Elegancias sutiles, sin escándalos, sin celos…
Perfumes de París. Arys.
Bofetadas líricas en el Trianon.
¡Algodonales!
¡São Paulo! Conmoción de mi vida.
Galicismo que grita en los desiertos de América».
Paulicéia Desvairada, Mário de Andrade

Pinheiros es un gran barrio para comer y beber. Bares, cafés, música, galerías y restaurantes conviven en calles donde lo mejor es caminar sin demasiado apuro.

Si tienes antojo de asado a la manera brasileña, puedes ir a Nunes Parrilla o animarte a reservar en su exclusivo omakase de carnes, Asador Nunes, ubicado en el segundo piso del restaurante. Allí probablemente te reciba el mismo Pedro Nunes, uno de los anfitriones más generosos y apasionados que he conocido en la ciudad, que te llevará de la mano a adentrarte en el mundo del fuego a través de un menú de degustación de carnes del territorio gaucho que comprende Argentina, Brasil y Uruguay. Acá también aprenderás el concepto de terroir aplicado a la carne. La barra tiene solo diez puestos, se llena rápido, así que hay que reservar con anticipación.

Para una cocina de autor con alma mexicana, no te puedes perder Metzi, un pequeño restaurante muy celebrado entre los amantes de la alta cocina paulista, de los encantadores Eduardo Ortiz y Luana Sabino. Metzi logra fundir en un solo lugar el fine dining, el producto local y platos mexicanos reinterpretados, una cocina sabrosa, bellamente presentada y lúdica. Te pido por favor que no te pierdas los postres, y nunca digas no a un chupito de mezcal. Tiene además una tremenda y nostálgica playlist.

Si quieres algo más informal, tienes del mismo team Taquería Atzi, donde puedes disfrutar, seguramente, algunos de los mejores tacos de la ciudad, tienen una refrescante y diversa lista de margaritas y micheladas, ojo al piojo porque es una gran opción para ir en grupo.

Siguiendo en el barrio de Pihneiros tenemos Jojo Ramen, de Yasmin Yonashiro y su socia Simone Xirata. Si les gusta el ramen, este es un lugar que va a satisfacer las expectativas más altas. Además, tienen una variedad de sakes extraordinaria. Yasmin es probablemente la mayor especialista en sake de Brasil, si llegan a encontrarla allí, ¡cuidado!; puedes quedar rendida o rendido a sus pies, es un personaje encantador y divertido; con el que también puedes terminar la noche en algún lugar insólito de San Pablo cantando karaoke y tomando chupitos de sake y repitiendo interminablemente: ¡kaaaaaanpaiii!

Si lo tuyo son los cócteles, San Pablo tiene una escena vibrante y muy diversa.

Tan Tan está fácilmente entre mis barras favoritas de la ciudad. Tragos memorables y una atención esmerada y amable. Su head bartender Caio Carvalhaes ha creado una carta espectacular llamada Pour-Hibition, inspirada en la época de la prohibición en Estados Unidos, con un altísimo nivel técnico. Sus tragos son sumamente balanceados, delicados, de sabores atrayentes, fluidos y frescos. Su chef y propietario, Thiago Bañares, es uno de los personajes más queridos y celebrados de la escena paulista. También tiene Kotori; en ambos lugares las técnicas japonesas se cruzan con ingredientes brasileños, creando dos espacios muy especiales para los amantes de la cocina asiática.

Si valoras el concepto de hospitalidad y te gusta la coctelería, entonces tienes que visitar Santana Bar. Acá hay cuidado y sensibilidad. Cuando se habla de hospitalidad en la coctelería, pienso en lugares así, porque yo vengo de una ciudad pequeña donde la hospitalidad está naturalmente arraigada en sus habitantes, y eso es exactamente lo que se siente en Santana Bar: acogedor, sencillo, con gran nivel técnico y un absoluto cuidado por los detalles en el servicio, gracias a la pasión de su dueño, el muy querido por todos: Gabriel Santana. Una casita muy mona, con un pequeño patio delantero rodeado de verde, con mesitas para disfrutar de la noche entre amigos, tomar divinos cócteles y dejarse envolver por la enorme calidez hospitalaria de su equipo.

La comunidad gastronómica en San Pablo es enorme y siempre hay lugares que terminan convirtiéndose en punto de encuentro. Esto sucede en Bar Pico, donde puedes tomar cócteles clásicos muy bien ejecutados o ir al fondo del local por unas pizzas delgadas y deliciosas, hechas con productos de primera. Una gran opción cuando no sabes donde ir, Bar Pico siempre está allí para conversar con amigos y colegas del rubro gastro, y también, me soplaron al oído, para primeras citas informales.

Hay varias zonas de San Pablo donde puedes caminar apreciando el eclecticismo y la monumentalidad de su arquitectura, donde mansiones del siglo XIX se entremezclan con hitos del brutalismo modernista y grandes rascacielos corporativos. Para eso te invito a caminar por la Av. Paulista. En esta zona puedes visitar el MASP, el Museo de Arte de San Pablo, y comer en el restaurante ubicado dentro del museo: A Baianeira, de la chef Manuelle Ferraz, una opción perfecta para recargar energías en medio de la caminata.

Otro lugar que siempre repito es Japan House, una casa cultural del gobierno de Japón donde siempre encontrarás interesantes muestras de arte, una tienda de objetos de diseño y sakes, una biblioteca con libros hermosos y variopintos sobre distintas ramas del arte y la cultura japonesa, además de un pequeño café donde puedes tomar verdadero té verde y probar pastelería japonesa como dorayakis y mochis. También tiene un restaurante, al que todavía no he ido.

En el centro de la ciudad está el barrio República, el que me encantó recorrer y donde disfruté muchísimo hospedarme unos días, porque en muchos aspectos me recordó a mi querido Monserrat, mi barrio en Buenos Aires.

Allí se encuentran edificios icónicos que definen la arquitectura paulista, como el Copan de Oscar Niemeyer, el Edifício Itália de Franz Heep o el edificio Carlos Ruscá, en cuya azotea está ubicado Matiz Bar, un gran lugar para disfrutar de buenos cócteles mientras te hundes cómodamente en alguno de sus sillones de diseño a escuchar música, ya que funciona como listening bar, o apreciar su espectacular vista de los edificios aledaños mientras te entregas al baile bajo su bola de espejos.

Me hospedé en el Edifício Renata, obra del arquitecto Oswaldo Bratke, tienen habitaciones lindas, modernas y espaciosas, y una amable atención.

Y como nunca puede faltar una librería en mis recomendaciones, tienes que visitar Gato Sem Rabo, ubicada en el Edifício Renata. Además de café, su maravillosa selección de libros está dedicada exclusivamente a autoras mujeres.

En la planta baja del icónico e impactante Edificio Copan se encuentra Bar da Dona Onça, el restaurante de la gran embajadora del centro paulista, la chef Janaína Torres. Allí puedes elegir entre la carta tradicional o su menú de degustación. Un boteco moderno que debes visitar sin falta si pisas el barrio República. Su menú de degustación con clásicos de la historia del bar es una gran opción para conocer la cocina de Janaína, y viene acompañado de una interesante selección de vinos brasileños que reflejan la modernidad y las últimas tendencias de la enología del país.

También de Janaína está Merenda da Cidade, un comedor que nació siendo el lugar donde come el personal de todos los negocios de Janaína, y que ella decidió abrir también a los vecinos del barrio. Uno llega con su bandejita, paga el menú del día y va pasando por la barra donde te sirven las diferentes partes del menú, para luego sentarse en cualquier mesa desocupada a disfrutar de la comida, que siempre es algún plato tradicional. Cada mediodía se sirve un único menú distinto, como el virado à paulista que religiosamente se come los días lunes en San Pablo.

Una parada infalible es A Casa do Porco, un lugar tremendo que te vuela la cabeza con su menú de degustación completamente enfocado en el cerdo, yo que nunca declaré mucha devoción por el consumo de este hermoso y regordete animal, fui totalmente seducida por su inolvidable y divertido menú de degustación.

Después, lo mejor es caminar sin demasiado rumbo. Entrar en pequeñas tiendas de diseño local, mirar libros, discos, objetos y regresar con algún recuerdo hermoso para la casa o para los amigos.

Si te gusta el café y la música, tienes que pasar por Long Gáo, un espacio difícil de clasificar y justamente por eso tan interesante. Un punto de encuentro para runners que mezcla sauna, café de especialidad, vinilos y servicio de sake. No pareciera que todas esas cosas pudieran convivir en un mismo lugar, pero en San Pablo funcionan perfectamente juntas. Además, es uno de los mejores sitios para sentarse a tomar sake y terminar conversando con la gente del barrio.

No te vayas de San Pablo sin sentarte en algún boteco a tomar una caipirinha, de las tantas variedades que suelen ofrecer, acompañada de unos pastéis de queijo recién fritos y unas coxinhas todavía calientes. Crujientes, cremosas y absolutamente adictivas.

Hay pocos placeres más paulistas que ese.

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