«En lo concerniente al arte de la cocina, en la forma de entender los placeres de la mesa, los italianos también dejaron sentir la huella de su avasalladora influencia» José Carlos Capel
El Piamonte, tierra natal de la aclamada familia vitivinícola Gaja, se ubica en el noroeste de Italia. Su nombre describe a la perfección su geografía: «al pie de la montaña» (Pedemontium). La región está cercada por los majestuosos Alpes al norte y oeste, y los Apeninos al sur, abriéndose en un valle fértil hacia el noreste.
Su agricultura y comercio están íntimamente ligados al río Po, una arteria fluvial vital que ha facilitado históricamente el transporte de mercancías y el desarrollo comercial de su elegante capital, Turín.
Más allá de su geografía, el Piamonte tiene una importancia capital en la historia de Italia. Antes del siglo XIX, la península no era más que un mosaico de reinos y ducados fragmentados, dominados principalmente por el Imperio Austríaco y los Borbones. Sin embargo, esta región se convirtió en el epicentro del «Risorgimento».
Aquí se gestaron las guerras de independencia contra Austria, lideradas por figuras míticas como el el revolucionario Giuseppe Garibaldi. Sus esfuerzos culminaron en la Unificación de Italia, con Turín como la primera capital de la nación y Vittorio Emanuele II como su primer rey.
Este legado de resiliencia y excelencia define el carácter piamontés, el mismo espíritu que la familia Gaja imprime en su trabajo y en sus vinos de renombre mundial durante generaciones.

de Giovanni Michele Graneri, 1756
Hace unas semanas, la distribuidora Casa Pirque muy generosamente me invitó a una degustación de varios de los grandes iconos de los vinos de la región: GAJA, incluyendo algunos vinos de las bodegas de esta familia en Toscana. La degustación fue dirigida con mucho carisma y conocimiento por el VP Export de Gaja: Francesco Giardino.

Tenía muchos años sin probarlos; reencontrarme con ellos fue un privilegio. Son vinos que reflejan la elegancia, el linaje y la visión de una de las bodegas familiares más influyentes de Italia y del mundo, y que me llenaron de recuerdos que tenía tiempo sin visitar.
En esta prodigiosa región no solo se elaboran grandes vinos como los Barolos y Barbarescos, elaborados con la uva Nebbiolo —que según algunos viene de la palabra “nebbia” y está relacionada con la niebla que normalmente cubre la región en la época de cosecha—. Además de estos afamados vinos, el Piamonte italiano guarda uno de los grandes tesoros de la gastronomía: la trufa blanca. Nombrada por el gastrónomo Anthelme Brillat-Savarin como “el diamante de la cocina”. Pese a su aspecto monstruoso, se refiere así a ellas: «Rendre les femmes plus tendres et les hommes plus aimables», que en español sería: “Vuelve a las mujeres más tiernas y a los hombres más amables”.
En el libro Por qué a los italianos les gusta hablar de comida, su autora Elena Kostioukovitch comparte esta narración sobre el origen de la trufa: “Cuenta una leyenda romántica que las trufas nacen en noches de helada y claro de luna, en que la luz se filtra hasta las raíces a través de la tierra húmeda y fría. Otra leyenda dice que se forman a partir de gotas de esperma de ciervo. Y una antigua creencia asegura que crecen en los puntos del terreno cercanos a la raíz de un árbol donde en otoño cayó un rayo”. Vemos cómo estas leyendas sostienen en el imaginario colectivo la idea de un producto mítico, mágico; de fértil oscuridad y deseo.
El Piamonte también le dio al mundo la Bagna Cauda: salsa caliente de anchoas donde se remojan vegetales troceados; los famosos Grissinis inventados en Turín para la dieta del duque de Saboya; o el Sambayón que tanto disfrutamos en su versión de helado en Argentina. La Gianduia, creada para rendir el chocolate con avellanas en épocas de escasez del cacao americano, derivó en 1964 —gracias a Giovanni y Pietro Ferrero— en una crema para untar que pretendía contrarrestar la popularidad, entre niños y adolescentes italianos, del Peanut Butter que llegaba desde Estados Unidos, concibiendo así una de las marcas más conocidas del mundo: la Nutella.
Gaja es una bodega familiar fundada en 1959 por Giovanni Gaja en las colinas de Langhe. Hoy, cinco generaciones después, Gaja se ha expandido por diversas localidades de la geografía italiana. A comienzos de los 90 la familia decidió emprender un nuevo proyecto en Toscana, específicamente en Montalcino, con la bodega PIEVE SANTA RESTITUTA para comenzar a elaborar su Brunello, donde celebran a la histórica cepa de la región: la Sangiovese. Más adelante, a mediados de los 90´s, con el advenimiento de los famosos supertoscanos, la familia Gaja desembarca en Bolgheri para inaugurar Ca’Marcanda. Allí abrazan la libertad de elaborar otras variedades fuera de las denominaciones históricas de la región, y así nacen Magari y Camarcanda, vinos de corte elaborados con cepas francesas como cabernet franc, cabernet sauvignon y petit verdot dentro de la DOP Bolgheri; y Promis, que es parte de la IGP Toscana, donde el corte se compone de merlot, syrah y sangiovese.
Es imperativo mencionar a principios del siglo XX a Clotilde Rey, una de las matriarcas de la familia, que fue motor, ambición y foco, lideró muchas de las innovaciones en los procesos agrícolas del Piamonte y definió el carácter emprendedor de sus hijos. Más adelante, Giovanni —la tercera generación— generó cambios positivos en el sistema de empleos de los trabajadores vinícolas. Con Angelo Gaja la bodega se expande y se convierte en uno de los grandes referentes del mundo del vino, embotellando solo las añadas excelentes. Son pioneros en prácticas orgánicas en la viña, lo que los llevó a obtener la certificación 100% orgánica. Están elaborando lo que prometen ser magníficos blancos de alta gama en Sicilia, en la zona de Etna, con cepas blancas como vermentino, fiano y viognier. El cambio climático también los ha llevado a tomar decisiones para seguir adaptándose y evolucionando; para muchos productores como ellos en el mundo, este es el nuevo desafío.
Vamos a los vinos:
En PROMIS, CA’MARCANDA, IGT TOSCANA 2022, aparece una paleta aromática de frutos azules, notas florales, recuerdos de aromas trufados y de chocolate. En boca tiene peso, es expresivo y largo; aparece la fruta madura sostenida por una acidez elegante. Con el oxígeno se perciben notas de hierbas y pomelo. Los suelos de arcilla y arena, fríos y compactos, parecen marcar su carácter.



Con MAGARI, CA’MARCANDA, ROSSO DI TOSCANA 2022, nos encontramos con un vino que sigue en la misma dirección de fruta que el anterior, vivaz, con frescas notas mentoladas; en boca los taninos son firmes y definidos gracias a los suelos pedregosos y calcáreos que dan sustento a este viñedo.
CAMARCANDA, CA’MARCANDA, BOLGHERI DOP 2021, hijo de una cosecha cálida que se traduce en una potente fruta que llena la boca. En su recorrido por el paladar es amplio con taninos aterciopelados, y notas minerales que recuerdan tímidamente el aroma de la mina de lápiz recién afilado.
Viajamos a Montalcino, en Toscana, con PIEVE SANTA RESTITUTA, BRUNELLO DI MONTALCINO DOP 2019: viramos hacia el universo de los frutos negros, con notas frescas que remiten a un bosque frío. En boca se presenta redondo, largo, suculento, floral; con la envolvente acidez que hace tan especial a la Sangiovese. Con el oxígeno en copa aparecen matices de evolución y un recuerdo sutil de carne de cacería.

Y así llegamos al epílogo de la degustación, broche de oro, la cereza de la torta: GAJA, BARBARESCO DOP 2021. A la vista hay ligereza en su recorrido por la copa; en nariz es un vino hermoso, de perfume etéreo. La acidez y la textura se abrazan en suspenso y equilibrio en el paladar. La nariz me abstrae, llevándome a un sendero flanqueado por arbustos de bayas negras ácidas; aparecen también notas de menta fresca. Un vino difícil de definir y olvidar, resultado de catorce parcelas históricas de Nebbiolo influenciadas por la cercanía de los Alpes.

La primera vez que había probado estos vinos, ya hace muchos años, fue de la mano del enólogo piamontés Ettore Perin, uno de mis más queridos y recordados mentores del vino, quien supo ser uno de los grandes promotores del vino italiano en Venezuela y fue parte importante del trabajo de investigación de lo que hoy es Bodegas Pomar. Quien haya ido al famoso festival de la Trufa Blanca que se celebraba todos los años en el mítico Le Gourmet, en el hotel Tamanaco, podrá deberle esa experiencia inolvidable a Ettore Perin, que traía las preciadas trufas en su maleta todos los años desde su pueblo de Alba.
Para los que tengan alguna vez la oportunidad de probar estos vinos, estoy segura de que serán memorables, como lo han sido para mí las pocas veces que he podido acceder a ellos. Y para quienes tengan el presupuesto para comprarlos, ojalá los guarden con paciencia y afecto, para descorcharlos en compañía de alguien que merezca ese nivel de placer.
Todos estos vinos están disponibles en Argentina a través de CASA PIRQUE