Fuente Toscana y los sabores del Valle de Limarí
Ovalle es una ciudad en la región chilena de Coquimbo, es el centro de una zona agrícola y ganadera (especialmente caprina) y es el corazón del Valle de Limarí, allí se encuentra un restaurante que tuve la fortuna de conocer de la mano del ingeniero agrónomo Héctor Rojas, quién nos llevó a almorzar después de la visita que hicimos a Viña Tabalí, donde trabaja Héctor hace 17 años.
Juan José Juliá es 4ta generación de una familia migrante italo-española que se radicó en el Valle de Limarí en el siglo XIX, es un apasionado del vino y la buena mesa, viajó por el mundo movido por esa pasión y después de una temporada en Toscana, regresó a su ciudad y abrió este restaurante en 2017 en una linda casona antigua del centro. Allí bajo un árbol de Lúcumo disfruté sin duda del más plácido y delicioso almuerzo que tuve en mi viaje.
Fuente Toscana es el tributo de Juan José a la riqueza de los productos del Valle de Limarí, a la herencia de su familia; que intuyo es de esas que familias migrantes donde el corazón de la casa estuvo siempre en la cocina; una cocina que palpita de los recuerdos de infancia de sus antecesores. Pero Fuente Toscana no solo es eso, es los viajes de Julio y su evidente pasión por una mesa bien servida de vino, cultura y buena conversación.
Este almuerzo fue una grata e inesperada sorpresa, ya que antes de viajar a Chile había preparado una lista de los restaurantes donde quería comer en Santiago; y terminé disfrutando de la mejor experiencia gastronómica de mi viaje en esta mesa rodeada de arbustos, donde los rayos del sol jugaban entre las hojas iluminando los platos deliciosos que fueron apareciendo sobre el mantel cuadriculado (por supuesto); platos que fueron explicados minuciosamente por Juan, incluyendo la historia y el lugar de origen de cada ingrediente; fue degustar entero allí en esa mesa el Valle de Limarí con vinos y todo.
LOS PLATOS



Cuando pensamos que estábamos por “cerrar” el desfile; llega una plato de distintos cortes y cocciones de cabrito, un festín sin fin porque después llegaron los postres.



Canoli de campo, relleno de mousse de harina tostada. Un sabor nuevo para mí, ese de la harina tostada, al parecer un ingrediente muy campesino.
Corazón de café (una versión de la clásica isla flotante pero con sabor café): Lindo.
Crepe de pisco, relleno de manjar y lúcuma, flambeado con pisco en salsa de naranja. Por si no lo saben soy fan de las crêpes suzette, así que adivinen si me encantó este postre
La mesa después del banquete

Todo esto fue acompañado con los vinos de Viña Tabali, con maridaje certificado e infinitamente documentado por esta pareja de amigos (Héctor y Juan José). Dos personajes que se han convertido en compañeros de viajes gastronómicos, que recorren el mundo comiendo y bebiendo vinos, y que luego rememoran sus travesías en esta mesa, la mesa especial custodiada por la sombra del viejo lúcumo.
Tremenda fue mí fortuna y privilegio de haber sido recibida en esa mesa, una tarde de verano soleada, desfile de platos deliciosos, sabores de Limarí y regada por los espectaculares chardonnay y pinot noir que nacen de las viñedos que custodia Héctor para Viña Tabalí ( de los cuales hablaré con más detalle en otro post).
Son estos recuerdos que luego bajo a tierra a mi regreso, y que atesorare en mi memoria infinitamente. Si esto no es literalmente CONFORT FOOD pues no seeeee que essss!
Gracias a mi compañera de viaje Mariana Martínez por haber organizado el recorrido por Limarí y Elqui, a Héctor Rojas por habernos recibido en Tabalí y a Juan por haberme hecho probar la diversidad del Norte Verde en una mesa.